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I RUTA DEL CHULETÓN

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EL EQUIPO CHULETÓN DE ÁVILA

Queridos reclutas:

El pasado 26 de Enero de 2013, un buen puñado de Soldados fueron llamados a filas por el Coronel Autoquad. En este caso, las maniobras se realizarán en tierras abulenses. Los Soldados son recluidos de manera secreta, a través de palomas mensajeras, con el fin de no alterar a las líneas enemigas.

 

Llevaba dos años planeando esta misión concienzudamente, pero no había dado con el compañero adecuado para este operativo. Finalmente, aquel recluta infiltrado fue relegado a soldado raso al ser descubierto, y se le relevó inmediatamente de sus funciones.

Afortunadamente, en todo el cuartel tenía numerosos Sargentos donde elegir, así que recomendado por el Teniente Pola, le expuse los planes de esta misión al Sargento Calippo, y aceptó encantado.

Antes de continuar estudiando los mapas de este operativo, me puse en contacto personalmente con las Fuerzas Especiales del campo de batalla, y me confirmaron que maniobras que íbamos a hacer son totalmente legales.

El día anterior a la misión, me encargo de tener todo listo para el día siguiente. Ya he hablado con todos los Soldados, para confirmar su asistencia. El Sargento Calippo fue el encargado de marcar los mapas de las maniobras, y él llevará al primer escuadrón, conmigo en la retaguardia, mientras que el segundo escuadrón irá capitaneado por el Teniente Pola.

El día D por fin ha llegado.

Toca diana bien prontito, y a primera hora de la mañana, se va formando el convoy en el centro de operaciones, mientras los Soldados desayunan en la cantina.

Las previsiones meteorológicas, tan importantes en estos eventos, nos iban a ser muy favorables, debido a la abundancia de lluvias y nevadas de los últimos días.

Para estas maniobras contamos con el apoyo logístico del Subteniente Tuareg con la furgoneta. Afortunadamente, al final del día el balance de daños resultó negativo, y no tuvimos que recurrir a sus servicios.

Ya estamos todos vestidos de romano, y puntualmente parte el primer comando, con el Sargento Calippo como jefe de expedición. Media hora después, avanza el comando del Teniente Pola, sin establecerse contacto visual entre ambos grupos.

Nada más comenzar la expedición, vemos sobre nuestras cabezas el helicóptero del Coronel Decker, vigilando muy de cerca todos nuestros movimientos. A lo mejor ha habido algún chivatazo de algún antiguo infiltrado de las líneas enemigas, pero como ambos escuadrones van circulando con total normalidad, el Coronel Decker no puede detenernos.

Al poco de comenzar las maniobras, el Soldado Sergio debe abandonar la expedición al averiarse su montura, así que fue trasladado al campamento base por mí mismo y por el Soldado Toño.

Cuando nos unimos a nuestro batallón, el Teniente Pola y el Sargento Calippo me confirman que tenemos al Soldado Porro perdido en el campo de batalla. Iniciamos búsqueda de reconocimiento por la zona, al ser imposible la comunicación por radio.

Seguramente el Soldado Porro haya continuado con la cartografía que tenemos programada, pero necesitamos confirmación oficial.

Continuamos unos minutos más, siguiendo el plan original, por caminos muy nevados, donde se hace necesaria buena destreza de los Soldados para no perder el control de sus monturas.

Cuando coronamos el puerto, establecemos contacto por radio con el Soldado Porro, que se encuentra a unos kms de allí, al haber seguido la cartografía original. El alivio nos embarga a todo el escuadrón, al confirmarse que, al menos de momento, no ha habido ninguna baja.

Continuamos con el plan previsto sin más incidencias reseñables. El tiempo es apacible, y los Soldados disfrutan de los frondosos paisajes de la zona. Sin embargo, tenemos al Soldado Porro esperándonos más adelante, por lo que decidimos crear un grupo de avanzadilla, formado por el Sargento Toño y yo mismo.

Nos reunimos con él unos kms después, y seguidamente, volvemos a formar el convoy original, ya sin ningún desaparecido en combate.

El camino es muy variado: pistas rápidas con algunos charcos, y caminos revirados estrechos con abundantes curvas. Sin olvidar terrenos pedregosos y también nevados que hicieron las delicias de los Soldados.

Ya es media mañana. En otras misiones de similares características, algunos Soldados portan en sus petates diversas provisiones para ir matando el hambre. Pero en esta ocasión, decidimos aguantar hasta el punto de encuentro donde tenemos el avituallamiento programado. Gigantesco chuletón de Ávila nos aguarda.

Llega al comedor el primer escuadrón, hambrientos y sedientos. Nos despojamos de la ropa de abrigo, y en la barra de la cantina, matamos nuestra sed con algunas cervezas, mientras establecemos contacto por radio con el segundo batallón.

Tras la espera, nos sentamos en el comedor para degustar tan ansiado chuletón, y justo en ese momento, completamos la expedición con la llegada del segundo grupo, que han tenido un par de percances, subsanados por el Teniente Pola.

Después de reponer fuerzas, los Soldados se vuelven a poner el traje de faena y nos dirigimos hacia la gasolinera. A partir de este momento, abandonaremos la montaña, y la ruta transcurrirá por caminos llanos y bastante embarrados. Tenemos más de la mitad de la misión completada, y ahora lo que nos queda son un par de horas de ruta nocturna, que hará las delicias de los participantes.

Pronunciados charcos son avistados por los Soldados, que afrontan con decisión y elegancia, toda vez que algún soldado despistado está a punto de quedarse en el fango, por exceso de confianza.

 

Se hace de noche, y nos encontramos con una frontera que nos impide avanzar por nuestro trayecto original, así que muy hábilmente el Sargento Calippo nos saca de aquellas trincheras traicioneras, y por un camino alternativo, volvemos al plan original. En ese momento, yo intento establecer comunicación con el Teniente Pola para avisarle del percance, sin embargo tenemos fallo en las comunicaciones. Por lo tanto, le envío un mensaje en código Morse, confiando en que le llegue.

Sin más incidentes, el primer escuadrón finaliza la misión en el campamento base, tras casi 12 horas de ruta, con gran satisfacción por parte de los participantes. Algunos nos disponemos a lavar nuestras monturas, mientras que otros se van directamente a la cantina.

 

El segundo escuadrón aparece una hora después, totalmente de noche, y se unen al grupo ya todos juntitos. Es hora de contarnos las batallitas de rigor, mientras algunos soldados se visten de civil, levantan el campamento y abandonan la expedición rumbo a sus hogares.

El Teniente Pola me pasa sus impolutos informes y damos por concluida la misión con un rotundo éxito, agradeciendo a todos los soldados su alistamiento en esta misión.

¡Me encanta que las rutas salgan bien!

 

Por Coronel Autoquad